El caso del Embalse del Muña: inversión pestilente en manos de ENDESA1 David Llistar y Tatiana Roa


El caso del Embalse del Muña: inversión pestilente en manos de
ENDESA1
David Llistar y Tatiana Roa2*
Quien ha llegado a Bogotá por el sur recordará los pestilentes olores provenientes del Embalse del Muña que invaden esta región y trascienden decenas de kilómetros. Antaño este lugar fue el sitio preferido de los bogotanos y los pobladores locales para recrearse, no obstante hoy es una cloaca y un ejemplo palpable de las inequidades existentes entre las ciudades y el campo. Esta historia empezó a mediados del siglo XX, cuando se construyó el Embalse para almacenar las aguas de dos microcuencas y con la perspectiva de generar energía aprovechando la fuerte caída del Salto del Tequendama, de ahí que en los sesenta se trasvasaran y bombearan las aguas del río Bogotá para ampliar la generación de energía del sistema energético, sin importar el grave impacto que elloconllevaría a los pobladores de Sibaté.
Este artículo busca presentar este caso contundente de deuda ecológica, tanto interna como externa, en el que se advierten múltiples violaciones al derecho a la salud y a los derechos ambientales de los pobladores, del ganado y a la biota del municipio de Sibaté3 por el bombeo de las aguas altamente contaminadas del río Bogotá, que una vez embalsadas a pocas decenas de metros del pueblo se dejan caer para generar energía eléctrica. La empresa generadora propietaria de la represa es EMGESA, hoy filial colombiana del grupo español ENDESA, el mayor grupo eléctrico de América Latina.
Por ser uno de los conflictos ambientales más importantes de Colombia y desconocido en la opinión pública del Estado español e incluso la colombiana, investigadores del Observatorio de la Deuda en la Globalización —ODG— conjuntamente con el equipo de Censat Agua Viva, vinculadoa la región desde hace unos meses, accedimos al municipio para tomar contacto con la situación. Lahistoria del Sibaté y su gente es el reflejo de los conflictos ambientales que genera el actual modelo energético. He aquí la contextualización del conflicto y algunos análisis en pro de la justicia ambiental al respecto.
ANTECEDENTES DE UN CONFLICTO AMBIENTAL ENTRE POBLADORES,
ADMINISTRACIONES Y UNA CORPORACIÓN EXTRANJERA
El Embalse del Muña se construyó a finales de los años cuarenta para almacenar las aguas de los ríos Aguas Claras y Muña4. La empresa que lo gestionó desde entonces hasta 1997 —fecha de entrada del capital español— fue la empresa de Energía de Bogotá (EEB). En 1967 se inició el bombeo de agua del río Bogotá al embalse.
Para construir el embalse, EEB forzó el desplazamiento de algunas familias campesinas que habitaban el área de inundación, varios de los cuales se establecieron a unos metros del embalse. Al1Artículo pulbicado en Ecología política, Editorial Icaria, ISSN 1130-6378, Nº 30, 2005, Págs. 7-20, Barcelona,España
2David Llistar i Bosch. Observatorio de la Deuda en la Globalización (www.observatoriodeuda.org ). Tatiana Roa
Avendaño. Censat Agua Viva (www.censat.org ).
3 El municipio de Sibaté se encuentra a 30 km de la ciudad de Bogotá y posee actualmente unos 30.000  habitantes.
4El Embalse del Muña fue construido entre 1940 y 1944 con el desgastado argumento de regular los caudales de los ríos.
Al lado de la laguna se instalaron clubes náuticos de pesca deportiva que se convirtieron en atractivos turísticos para la capital colombiana. En los años cincuenta el embalse transformó a Sibaté en un polo de importante actividad económica.
Pero fue en los años setenta cuando la contaminación del Río Bogotá se incrementó velozmente afectando la calidad del agua del Embalse, así empezó el conflicto central. Según el Informe de la Defensoría del Pueblo de Colombia, el conflicto deriva de la intensa contaminación ambiental de toda la región aledaña al embalse del Muña producida por deshechos de la zona industrial que bordea el Embalse y que vierte sus aguas en él pero, fundamentalmente, del bombeo y almacenamiento de las aguas vertidas que bajan por el río Bogotá. Aguas vertidas resultado del vertido sistemático de deshechos industriales, de mataderos y «curtiembres», y de toda la masa orgánica generada por el gran distrito de Bogotá.
El informe recoge datos que reconocen que la situación ha llegado a ser dramática para los pobladores del municipio, afectando su normal desarrollo y vida cotidiana. Los niveles de mosquitos y los hedores han causado un serio problema de salubridad pública y de contaminación ambiental.
En su recorrido de 380 kilómetros, el río Bogotá drena actualmente las aguas de 6.000 kilómetros cuadrados, donde habitan alrededor de 8,3 millones de habitantes en 41 municipios y el Distrito
Capital de Bogotá. Es decir, cerca del 20% de la población del país, en cálculos de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), donde se genera el 28% de la actividad socio económica nacional. Según la CAR, el río recibe de los municipios 25.185 toneladas de carga orgánica al año y del Distrito de Bogotá 149.633. Para el 2020 se estima que la descarga de residuos sea de 49.811 toneladas por año en los municipios y en Bogotá de 240.455 toneladas. Un auténtico río de excrementos.
A finales de los ochenta la población empezó a organizarse. En 1987 se realizó el primer foro del municipio sobre el Muña. A principios de los noventa las administraciones, en reacción a la presión popular, iniciaron la toma de algunas medidas que, como veremos más adelante, fueron paliativas pero no solucionaron el problema.
Simultáneamente, durante los noventa se detectaron proporciones extremadamente elevadas de cáncer (pulmón y estómago), gripes anómalas, afecciones epidérmicas e infartos. No hay informes científicos al respecto, salvo el elaborado desde la Universidad de los Andes y financiado por EBB, que concluye afirmando que «no pasa nada».
Al ponerse el sol, una nube de mosquitos se apodera del pueblo. «En Sibaté no hay restaurantes para cenar, sólo para almorzar », dice Orlando Guaqueta, quien, como otros sibateños, puede presentar una larga lista de actividades que los zancudos han hecho imposible realizar. Alfonso González, concejal del pueblo crítico con la gestión de la empresa señala que «A las vacas y a los pollitos los mosquitos les despoblan las cejas y les pican los ojos».
En el año 1997 la empresa estatal EBB se dividió en dos según los planes de privatización del gobierno colombiano que por los preceptos del Consenso de Washington y su principal promotor en temas eléctricos, el Banco Mundial, se abrió a la búsqueda de capitalización exterior5. La española ENDESA adquirió los activos de EMGESA, quién se encargó del negocio de la generación de energía eléctrica. ¿Pero, debe una empresa transnacional que adquiere los activos de una empresa local asumir los pasivos —en este caso ambientales- asociados a su creación y actividad?
5La Constitución Colombiana de 1991 abrió el camino para la privatización de los activos energéticos. La implementación del nuevo modelo se llevó a cabo con la promulgación de la ley 142 de 1994 o Ley de Servicios Públicos Domiciliarios y la Ley 143 de 1994 o Ley Eléctrica. La mayor parte de las empresas públicas de energía
colombianas quedaron en mano de los empresas transnacionales españolas: ENDESA y Unión Fenosa.
Fuete: El caso del Embalse del Muña: inversión pestilente en manos de ENDESA1
David Llistar y Tatiana Roa2*
Diciembre de 2005


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