EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ Por: Alfonso Pérez Preciado IMPACTO DE LA TASA RETRIBUTIVA

EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
IMPACTO DE LA TASA RETRIBUTIVA EFECTIVA SOBRE LAS TARIFAS
DE ACUEDUCTO Y ALCANTARILLADO
La única forma viable de cobrar la tasa retributiva es hacerlo junto con la tarifa de alguno de los servicios públicos domiciliarios. Por su relación con el servicio de descontaminación, la más adecuada sería la de acueducto y alcantarillado. Así se ha previsto en las leyes 142 de 1994 y 200 de 2000, para lo cual las tasas retributivas deben ser incorporadas a las fórmulas tarifarias, según lo establezca la Comisión de Regulación de Agua Potable y Saneamiento Básico (CRAP).
El mecanismo tarifario es el más utilizado internacionalmente para sufragar los costos del tratamiento. En ciudades de países industrializados, el costo del tratamiento se suma al de alcantarillado, por lo que la tarifa por estos conceptos es, en general, superior a la del acueducto. En Bogotá, la tarifa de alcantarillado es inferior a la acueducto.
De acuerdo con el principio del “contaminador-pagador” involucrado en la legislación vigente, son los propios ciudadanos y los establecimientos industriales y comerciales generadores de aguas residuales los que deben sufragar los costos de la descontaminación. La autoridad ambiental cobrará la tasa retributiva a la empresa o entidad responsable de los vertimientos, pero ésta deberá trasladarla a los usuarios del servicio de alcantarillado en forma de tarifas.
Para evaluar el impacto de la tarifa por descontaminación lo primero que hay que preguntar es cuánto debería pagar cada hogar o responsable de cuenta del sistema de alcantarillado para cubrir el costo del tratamiento. Para esto, basta simplemente con dividir el máximo costo anual que se prevé deben pagar los usuarios (véase columna 8 del cuadro 5) por el número de cuentas atendidas por la EAAB. Como hay cerca de 1.200.000 cuentas y el costo de la anualidad máxima es de 75 millones de dólares para el año 2010, cada cuenta debería pagar US$ 62,5 dólares adicionales en dicho año para costear el tratamiento, o sea $131.910 anuales, o $ 10.992 mensuales, en pesos de hoy. Una tarifa de este monto no tendría un impacto significativo en los hogares de estratos 4, 5 y 6. En los hogares de los estratos 1 y 2 y 3 su impacto, de bajo a moderado, podría atenuarse con una distribución adecuada de las cargas entre el sector industrial y comercial y el sector residencial.
En efecto, según la estimación presentada en este informe, la industria es responsable de, aproximadamente, el 24% de la carga orgánica vertida al río Bogotá y el restante 76% es de origen doméstico. No obstante, en el sector industrial y comercial el agua debe considerarse como un insumo de producción, por lo cual su uso tiene un beneficio incremental con respecto a la utilización doméstica. En el caso de las industrias, las tarifas deben relacionar el pago con el volumen y la calidad del efluente, a partir del principio de que la tarifa es regulada por el costo marginal del tratamiento, lo cual implica un control periódico del efluente, sin que el pago de la tarifa exima a las industrias de su obligación de controlar la contaminación en la fuente, en particular en los casos de sustancias tóxicas.
El mecanismo tarifario es el más utilizado internacionalmente para sufragar los costos del tratamiento. En ciudades de países industrializados, el costo del tratamiento se suma al de alcantarillado, por lo que la tarifa por estos conceptos es, en general, superior a la del acueducto. En Bogotá, la tarifa de alcantarillado es inferior a la acueducto.
De acuerdo con el principio del “contaminador-pagador” involucrado en la legislación vigente, son los propios ciudadanos y los establecimientos industriales y comerciales generadores de aguas residuales los que deben sufragar los costos de la descontaminación. La autoridad ambiental cobrará la tasa retributiva a la empresa o entidad responsable de los vertimientos, pero ésta deberá trasladarla a los usuarios del servicio de alcantarillado en forma de tarifas.
Para evaluar el impacto de la tarifa por descontaminación lo primero que hay que preguntar es cuánto debería pagar cada hogar o responsable de cuenta del sistema de alcantarillado para cubrir el costo del tratamiento. Para esto, basta simplemente con dividir el máximo costo anual que se prevé deben pagar los usuarios (véase columna 8 del cuadro 5) por el número de cuentas atendidas por la EAAB. Como hay cerca de 1.200.000 cuentas y el costo de la anualidad máxima es de 75 millones de dólares para el año 2010, cada cuenta debería pagar US$ 62,5 dólares adicionales en dicho año para costear el tratamiento, o sea $131.910 anuales, o $ 10.992 mensuales, en pesos de hoy. Una tarifa de este monto no tendría un impacto significativo en los hogares de estratos 4, 5 y 6. En los hogares de los estratos 1 y 2 y 3 su impacto, de bajo a moderado, podría atenuarse con una distribución adecuada de las cargas entre el sector industrial y comercial y el sector residencial.
En efecto, según la estimación presentada en este informe, la industria es responsable de, aproximadamente, el 24% de la carga orgánica vertida al río Bogotá y el restante 76% es de origen doméstico. No obstante, en el sector industrial y comercial el agua debe considerarse como un insumo de producción, por lo cual su uso tiene un beneficio incremental con respecto a la utilización doméstica. En el caso de las industrias, las tarifas deben relacionar el pago con el volumen y la calidad del efluente, a partir del principio de que la tarifa es regulada por el costo marginal del tratamiento, lo cual implica un control periódico del efluente, sin que el pago de la tarifa exima a las industrias de su obligación de controlar la contaminación en la fuente, en particular en los casos de sustancias tóxicas.
Fuente: EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado

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