EL HUMEDAL JUAN AMARILLO COMO HÁBITAT DE AVES 1. INTRODUCCIÓN


EL HUMEDAL JUAN AMARILLO COMO HÁBITAT DE AVES
1. INTRODUCCIÓN.
Colombia se identifica como uno de los países de más alta biodiversidad del mundo, pero al mismo tiempo posee números muy altos de especies amenazadas de vida vegetal y animal a causa de las acciones del hombre. El territorio colombiano alberga unas 1750 especies de aves, casi un 60% de la avifauna de Suramérica, y cerca de la sexta parte de la del mundo entero. La gran riqueza ornitológica colombiana es un invaluable patrimonio nacional y mundial que debe ser conservado para que su manejo y conservación representen beneficios a las generaciones actuales y futuras (Renjifo et al. 2002).
En cuanto hace referencia a la composición de la avifauna de humedales de montaña en
Suramérica, Fjeldså (1990) reconoce un centro de origen biogeográfico para este grupo en el lago de Michín del Altiplano Boliviano, y tres núcleos de diferenciación adicionales, entre los cuales se cuentan los humedales del Altiplano Cundiboyacense de Colombia.
La Sabana de Bogotá, a pesar de su clima frío que limita la diversidad de la vida animal, se caracteriza por su diversidad de aves. Asombrosamente para muchos, se encuentran en esta zona cerca de doscientas especies de aves, entre las residentes y migratorias estacionales, sin extenderse a los páramos, las vertientes del Magdalena o los Llanos (ABO 2000, Renjifo et al. 2002). En los ecosistemas de la Sabana de Bogotá el mayor nivel de endemismos se encuentra en los humedales, ecosistemas que también son de alta importancia por su capacidad de regulación hídrica y por su riqueza de oferta de hábitats para especies animales y vegetales. A pesar de su importancia, la expansión desorganizada de la ciudad de Bogotá y la mayor presión que esta ejerce sobre los recursos naturales han ocasionado daños muchas veces irremediables sobre los humedales de la sabana, principalmente por procesos de desecación y relleno (EAAB 1999).
Los ecosistemas altoandinos, como La Sabana de Bogotá, muestran poblaciones aisladas y restringidas de aves acuáticas, fenómeno muy frecuente en los ecosistemas de alta montaña, que los señala como islas ecológicas, y les imparte una alta vulnerabilidad, ya que muchas presentan poblaciones muy bajas, condición que les imprime un carácter de alto riesgo.
Uno de estos casos es el del pato turrio (Oxyura jamaicensis andina), cuyo estado
poblacional actual en el área andina es precario. Sin embargo esta especie habita algunos de los humedales en los alrededores de Bogotá, y en ocasiones se le ha observado en el humedal de La Conejera, donde no es muy numerosa (ABO 2000).
Los humedales se cuentan entre los ecosistemas más productivos del planeta, cumpliendo al mismo tiempo funciones ecológicas fundamentales para el hombre, como son la regulación de regímenes hidrológicos y la provisión de recursos de los cuales dependen las comunidades locales vecinas a estos ambientes (Dugand 1990).
Los humedales también son áreas de gran importancia para la alimentación de aves acuáticas, las que han desarrollado diferentes adaptaciones y técnicas particulares en
función del tipo de hábitat y la clase de alimento que se ofrecen en estos ecosistemas. En base a estos dos factores las especies pueden reunirse en los siguientes grupos funcionales (Sarrias et al. 1996):
1- Aves que buscan el alimento caminando en playas y sectores de aguas someras:
Incluye especies piscívoras (i.e. garzas), insectívoras (i.e. aves playeras), y filtradoras (i.e. flamencos).
2- Aves que nadan y se zambullen para buscar alimento: Incluye especies herbívoras,
bentónicas (i.e. patos, gallaretas) y especies piscívoras.
3- Aves que detectan el alimento en vuelo o desde perchas: Incluye especies piscívoras y omnívoras.
A su vez, dentro de un mismo grupo funcional, las especies pueden diferenciarse aún más en cuanto a la explotación del recurso alimento, mediante la utilización de distintos
microhábitats y/o técnicas de alimentación. Entre las especies que buscan su alimento nadando, hay algunas que forrajean en zonas de escasa profundidad y abundante vegetación flotante, como la tingua de pico rojo (Gallinula chloropus), mientras otras utilizan casi exclusivamente las zonas de mayor profundidad y escasa vegetación palustre, como el pato turrio (Oxyura jamaicensis) (Sarrias et al. 1996).
Fuente: Juan-aves2.pdf
12. LITERATURA CITADA.
Arjona, F. 2003. Los Humedales de Bogotá y la Sabana. EAAB- CI. Bogotá, Colombia.
Asociación Bogotana de ornitología (ABO). 2000. Aves de la Sabana de Bogotá: Guía de campo. ABO y CAR. Bogotá, Colombia.
Asociación Bogotana de ornitología (ABO). 2004. Registros actualizados de la avifauna de los humedales de Bogotá. Bogotá D.C, Colombia.
Bibby, C. J, & N. D, Burgess. 2000. Bird Census Techniques. Academic Press Limited
San Diego, CA. USA
Blanco, D. 1998. Uso de hábitat por tres especies de aves playeras (Pluvialis dominica,
Limosa haemastica y Calidris fuscicollis) en relación con la marea en Punta Rasa,
Argentina. Rev. Chilena Hist. Nat. 71: 87-94.
Blanco, D. 2000. Los humedales como hábitat de aves acuáticas. Humedales para las
américas. Buenos Aires, Argentina.
Bó, R.F. y R.D. Quintana. 1999. Actividades humanas y biodiversidad en humedales: el
caso del Bajo Delta del Río Paraná. En Matteucci, S.D.; O.T. Solbrig, J. Morello
y G. Halffter (Eds.): Biodiversidad y uso de la tierra. Conceptos y ejemplos de
Latinoamérica: 291-316. Colección CEA, EUDEBA, Buenos Aires.
Chaparro, B. 2003. Reseña de la vegetación en los humedales de la Sabana de Bogotá.
EAAB-CI. Bogota, Colombia.
Conservación Internacional Colombia. 2002. Investigación aplicada en restauración
ecológica en el humedal Juan Amarillo. Informe. Bogotá D.C. Colombia
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