EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ


EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
El programa adoptado para el tratamiento de las aguas residuales contempla la construcción por etapas de tres plantas de tratamiento, una en cada una de las desembocaduras de los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo, en ese orden. En la actualidad la ciudad consume cerca de 15 m3/s de agua potable y descarga unos 12 m3/s de aguas negras al sistema de alcantarillado. De este caudal, el 30,2% proviene de la cuenca del Salitre, el 39,4% de la del Fucha, el 21,3% de la del Tunjuelo y el restante 9,1% de las cuencas menores de Torca, La Conejera, Jaboque, el Tintal y Soacha. El sistema de tratamiento previsto en cada planta contempla su construcción y su operación en dos fases, la primera para pretratamiento y tratamiento primario y la segunda para tratamiento secundario, con posibilidad futura de acople a un tratamiento de orden terciario.
La primera de las plantas, la del Salitre, destinada a tratar las aguas residuales del norte y del noroccidente de la ciudad, está próxima a terminar la construcción de su primera fase (tratamiento primario). Entrará en operación a finales del 2000. En función de los resultados obtenidos, se iniciará la segunda fase (tratamiento secundario), la cual deberá estar terminada en dos o tres años más. Una vez entre en operación esta fase de la planta del Salitre, se surtirá un proceso similar con la planta del Fucha, la cual tratará las aguas del centro y del occidente de la ciudad, sectores en los cuales está localizada la mayor parte de la industria urbana. Finalmente, se construirá, bajo el mismo esquema, la planta del Tunjuelo, la cual tratará las aguas del sector sur de la ciudad y de Soacha. De esta forma se irá recuperando por tramos el curso del río Bogotá, hasta llegar a Alicachín. También será posible recuperar, entonces, el embalse del Muña.
El objetivo del proyecto es lograr en el tratamiento primario una reducción del 40% de la carga orgánica y del 60% de los sólidos suspendidos; en el tratamiento secundario se espera lograr un efluente con una DBO5 máxima de 20 mg/l y sólidos suspendidos de 30 mg/l. Al finalizar la construcción de la planta del Tunjuelo, se espera lograr la meta de reducir un 89% de la carga orgánica total aportada por la ciudad al río Bogotá y un 78% de los sólidos suspendidos totales.
El programa en su conjunto está planeado para desarrollar en 30 años (reducido a 18 en el POT, sin compromiso), plazos con los cuales no están de acuerdo la CAR ni las comunidades de la cuenca media y baja del río Bogotá, por considerar que los daños causados a la región por la contaminación no pueden esperar todo ese tiempo en solucionarse.
El contrato de concesión inicial sólo genera obligaciones del Distrito Capital para con el concesionario para la construcción y la operación de la primera fase (tratamiento primario) de la primera etapa del proyecto, o sea la planta de El Salitre. Para el desarrollo de las siguientes fases y etapas el Distrito queda en libertad para continuar o no con el proceso de desarrollo del sistema de tratamiento, con el mismo o con otro concesionario, en función de la eficiencia obtenida en la primera fase, de la calidad de los equipos suministrados y de las obras construidas, del desarrollo del contrato, de la conveniencia de continuar con el mismo concesionario, de los nuevos desarrollos urbanos, de los cambios tecnológicos operados y de la situación financiera del Distrito, entre otros aspectos.
3.2. CONTROL DE VERTIMIENTOS
El control de la contaminación en la fuente debe adelantarse por medio del montaje y la operación de un sistema de caracterización y de control de vertimientos industriales y mediante asistencia técnica y transferencia de tecnología. Este control debe estar orientado a la reducción de la descarga de sólidos en suspensión y de sustancias tóxicas que puedan inhibir los procesos biológicos de las plantas de tratamiento. En el caso de Bogotá, al igual que la construcción de las plantas, el control de vertimientos debe organizarse en fases, en tal forma que se logre:
•Controlar los vertimientos por grandes cuencas de drenaje, en función del programa de construcción de las plantas de tratamiento, lo cual impone atender, primeramente, las cuencas de Torca, de Conejera y del Salitre (tributarias de la planta del Salitre), luego las de Fucha, Jaboque y, parcialmente, Tintal (tributarias de la futura planta del Fucha) y, para concluir, las cuencas del Tunjuelo y, en forma parcial, Tintal y Soacha (tributarias de la futura planta del Tunjuelo).
•Enfocar en una primera etapa el control hacia las sustancias de interés para las plantas de tratamiento, a saber: sólidos en suspensión y sustancias tóxicas, y luego enfocarlo a otros tipos de poluctantes.
•Organizar el control de acuerdo con el tamaño de las industrias (importancia de los vertimientos): primero, las grandes contaminadoras, luego las medianas y finalmente las pequeñas industrias (salvo que la concentración de gran número de pequeñas industrias amerite darles un tratamiento de grandes).
Hasta 1993, la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá había identificado 5.167 industrias de interés sanitario en el corredor Bogotá-Soacha, de las cuales tenía clasificadas 981 (Fonade-Epam, 1993). En la actualidad esta empresa tiene un programa de control de vertimientos industriales a través del cual pretende monitorear 200 industrias en 4 años (20 en 1998, 40 en 1999, 60 en el 2000 y 80 en el 2001). Los vertimientos de interés sanitario son aquellos que pueden tener gran incidencia en el sistema de alcantarillado (sustancias tóxicas, alto contenido de sólidos y otros).
El Dama, por su parte ha identificado 2.000 vertimientos industriales, de los cuales tiene registrados 806, así: 182 orgánicos, 562 de interés sanitario y 62 no clasificados. El número de vertimientos intervenidos por la autoridad ambiental es de 700.
El control de vertimientos debe ser una actividad esencial, con el fin de disminuir problemas de mantenimiento del sistema de alcantarillado, reducir los costos y garantizar el funcionamiento de los procesos biológicos de las plantas de tratamiento previstas. Frente a un universo de más de 5.000 vertimientos industriales identificados por la EAAB desde 1993, los esfuerzos de esta entidad y del Dama por controlarlos son hasta ahora muy tímidos, puesto que entre las dos entidades apenas se alcanza menos de un 15%.
Con la construcción de las plantas, paralelamente, es necesario adecuar el sistema de alcantarillado, mediante la construcción de interceptores de aguas negras desde los lugares actuales de descarga en los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo, hasta los sitios de las plantas de tratamiento. Estas son obras propias del sistema troncal de alcantarillado, por lo cual deben estar a cargo de la EAAB. No obstante, su cronograma de construcción debe ajustarse a las fechas de entrada en operación de las plantas, lo que implica darle prioridad a los interceptores del Salitre y Torca-Salitre.
Fuente: EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ

Por: Alfonso Pérez Preciado
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