EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ


  

EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
•Entre La Guaca y Girardot (desembocadura en el Magdalena), las aguas negras utilizadas en generación eléctrica vuelven nuevamente al cauce del río Bogotá y la contaminación, una vez más, es la principal limitante para el consumo humano y para el uso agrícola. Por esta razón, la banca internacional no aprobó un crédito a la CAR para el desarrollo del Distrito de Riego Tocaima-Girardot. Algunas comunidades, como Agua de Dios y ciertos complejos turísticos de la cuenca baja, han tenido que recurrir al tratamiento de las aguas del río Bogotá para atender parcialmente sus necesidades al respecto.
Fuera de los conflictos existentes por el uso del agua de la cuenca del río Bogotá, es necesario agregar los generados por la desviación de las aguas del macizo del Chingaza, los cuales, aunque, en general, son de poca importancia, localmente adquieren cierta significación, como sucede a lo largo de la conducción entre el páramo y el embalse de San Rafael, en donde los propietarios alegan pérdida de manantiales y de caudales en quebradas por las captaciones directas o por la infiltración generada por el túnel (veredas de El Volcán y Frailejonal, en La Calera, entre otras).
La operación combinada del sistema de embalses con las demás obras hidráulicas de la sabana para la óptima regulación del río Bogotá es bastante compleja, por la distancia entre los diferentes puntos de control y por otra serie de factores variables que es necesario considerar (caudales necesarios y aprovechables en Tibitoc para el acueducto, caudales requeridos para generación en Alicachín, consumos de otros usuarios a lo largo del río, necesidad de evitar inundaciones y otros.
Para atender sus necesidades, los municipios, agricultores e industrias de la sabana han utilizado cada vez más las aguas subterráneas, lo que ha traído como consecuencia una disminución generalizada en los niveles de los acuíferos (en especial los Cuaternarios), cuando no el agotamiento de algunos. Lo anterior se comprueba con el cierre de muchos pozos. En el capítulo de la estructura ecológica principal se trata en mayor detalle el problema de las aguas subterráneas.
2.2. LA DISPONIBILIDAD DE AGUA PARA BOGOTÁ Y PARA LA REGIÓN
Para su abastecimiento, la ciudad utilizó en forma progresiva primero las pequeñas quebradas que descienden de los cerros orientales, luego el río Tunjuelo (La Regadera), después el río Bogotá (Tibitó) y, más recientemente, el macizo de Chingaza (presa de Chuza). Para el aprovechamiento de estas fuentes hídricas existen en total nueve (9) embalses de regulación (véase cuadro 5 del capítulo 3), con capacidad útil total de 1.226 Mm3, de los cuales 5 en la cuenca alta del río Bogotá (Sisga, Tominé, Neusa, San Rafael y Muña), 3 en la cuenca del río Tunjuelo (Regadera, Chisacá y Tunjos) y 1 en el macizo de Chingaza (Chuza).
En la actualidad, el acueducto de Bogotá consume un total de 15 m3/s, distribuidos así: 5 del río Bogotá (planta de Tibitó), 1 del Tunjuelo y San Cristóbal (planta de Vitelma y otras menores) y 9 del Chingaza y Teusacá (planta Wiesner). La capacidad total de las tres plantas es de 26.5 m3/s. Según datos de la EAAB, aproximadamente el 42% de este caudal se pierde por conexiones fraudulentas y pérdidas técnicas (éstas últimas del 25%, representadas en fugas por ruptura de tuberías). Además, la EAAB suministra agua a 10 municipios de la sabana.
La operación combinada del sistema de embalses con las demás obras hidráulicas de la sabana para la óptima regulación del río Bogotá es bastante compleja, por la distancia entre los diferentes puntos de control y por otra serie de factores variables que es necesario considerar (caudales necesarios y aprovechables en Tibitoc para el acueducto, caudales requeridos para generación en Alicachín, consumos de otros usuarios a lo largo del río, necesidad de evitar inundaciones y otros.
Para atender sus necesidades, los municipios, agricultores e industrias de la sabana han utilizado cada vez más las aguas subterráneas, lo que ha traído como consecuencia una disminución generalizada en los niveles de los acuíferos (en especial los Cuaternarios), cuando no el agotamiento de algunos. Lo anterior se comprueba con el cierre de muchos pozos. En el capítulo de la estructura ecológica principal se trata en mayor detalle el problema de las aguas subterráneas.
2.2. LA DISPONIBILIDAD DE AGUA PARA BOGOTÁ Y PARA LA REGIÓN
Para su abastecimiento, la ciudad utilizó en forma progresiva primero las pequeñas quebradas que descienden de los cerros orientales, luego el río Tunjuelo (La Regadera), después el río Bogotá (Tibitó) y, más recientemente, el macizo de Chingaza (presa de Chuza). Para el aprovechamiento de estas fuentes hídricas existen en total nueve (9) embalses de regulación (véase cuadro 5 del capítulo 3), con capacidad útil total de 1.226 Mm3, de los cuales 5 en la cuenca alta del río Bogotá (Sisga, Tominé, Neusa, San Rafael y Muña), 3 en la cuenca del río Tunjuelo (Regadera, Chisacá y Tunjos) y 1 en el macizo de Chingaza (Chuza).
En la actualidad, el acueducto de Bogotá consume un total de 15 m3/s, distribuidos así: 5 del río Bogotá (planta de Tibitó), 1 del Tunjuelo y San Cristóbal (planta de Vitelma y otras menores) y 9 del Chingaza y Teusacá (planta Wiesner). La capacidad total de las tres plantas es de 26.5 m3/s. Según datos de la EAAB, aproximadamente el 42% de este caudal se pierde por conexiones fraudulentas y pérdidas técnicas (éstas últimas del 25%, representadas en fugas por ruptura de tuberías). Además, la EAAB suministra agua a 10 municipios de la sabana.
mayor detalle en el capítulo de estructura ecológica principal, sección de estructura hídrica.
Lo expuesto en este subcapítulo permite concluir que el problema de la provisión de agua debe analizarse globalmente para toda la región y no sólo para la ciudad de Bogotá. De hecho, la EAAB-ESP ya atiende a 10 municipios sabaneros, lo que obliga a pensar para el futuro en un sistema regional de acueduto, máxime si se tiene en cuenta que la mayoría de los municipios tienen problemas de abastecimiento, por haber empezado a agotar sus fuentes hídricas. Por esto, están supeditados para su provisión, como Bogotá, de las fuentes de la región. De otro lado, es necesario iniciar acciones en materia de recuperación y de conservación de cuencas, tal como se propone en el capítulo de estructura ecológica principal de este documento.
Fuente: EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
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