CAMBIO CLIMÁTICO: FUTURO NEGRO PARA LOS PÁRAMOS Los ecosistemas de páramo como retenedores de carbono atmosférico



CAMBIO CLIMÁTICO:
FUTURO NEGRO PARA LOS PÁRAMOS

Los ecosistemas de páramo como
retenedores de carbono atmosférico
Se ha estudiado más la vulnerabilidad de estos ecosistemas ante el cambio climático, que la función como retenedores de carbono. Los estudios que se han publicado no son numerosos; sin embargo, el tema está cobrando vigencia, de modo que esta función ha sido mencionada en trabajos como los de Hofstede.
Este autor ha documentado que el ecosistema de páramo puede almacenar más carbono que la selva tropical si se considera el suelo, los datos calculados por el autor se expresan en la Tabla 3.
Las bajas temperaturas hacen que el ecosistema de los páramos tenga reducidas tasas de mineralización y reciclaje de nutrientes, lo cual favorece una lenta pero continua absorción neta de CO2 atmosférico que es acumulado como parte de la materia orgánica en sus suelos de características histosólicas. La alta capacidad de los suelos de páramo para retener agua favorece la prevalencia de condiciones anaeróbicas durante largos períodos del año, especialmente en las zonas de relieve plano (García, 2003).
Las capas superficiales de suelos cultivados presentan significativamente menores cantidades de carbono y una tendencia a la migración de éste a las capas más profundas donde se registran incrementos respecto a los suelos no intervenidos. Estos últimos presentan compactación, lo cual tiene efectos negativos importantes no sólo sobre la retención de agua, sino que también dificultan notablemente la interpretación de los almacenamientos totales de carbono. Las elevadas cantidades totales de carbono en suelos bajo usos nativos (315-330 ton C/ha) evidencian la gran capacidad de acumulación de carbono de estos suelos.
Los ecosistemas de páramo tienen características que son considerables en el ciclo del carbono global. Un buen número de páramos son turberas minerales que acumulan hasta en un metro y medio de sus negros suelos, las cenizas de erupciones volcánicas continuas (IDEAM, Ministerio del Medio Ambiente y Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo. 2002).
Problemática de los páramos y opciones para su conservación a la luz del cambio climático
La problemática asociada con el páramo consiste en que generalmente los sectores por encima de los 3,500 m.s.n.m. se dedican a una ganadería de pastoreo, mientras que las zonas por debajo de esta altitud se utilizan en agricultura con cultivos de papa y ganadería extensiva con pastos mejorados. Para realizar todas estas actividades han sido necesarias la remoción y en muchos casos la quema tanto de la vegetación como del mantillo y arado del suelo. Los ecosistemas de páramo deberían dedicarse a la conservación con el objeto de preservar los recursos hídricos esenciales y el carbono almacenado. Sin embargo, por la presión antrópica sobre la tierra, muchas
zonas se han adaptado para la actividad agropecuaria, con la consiguiente pérdida de la
estructura del suelo, de retención de agua y carbono por la materia orgánica y alteración de los ciclos biogeoquímicos (IGAC 1988).
Debido a que los ecosistemas de páramo son los ecosistemas de alta montaña que presentan mayor diversidad, ya que son reguladores hídricos y que se constituyen como espacios de vida para las comunidades, algunos de ellos han sido considerados como sitios de interés de la Convención Ramsar sobre humedales. Este es el caso del Páramo de Chingaza en Colombia, que es responsable del abastecimiento hídrico del 80% de la ciudad de Bogotá y fue declarado sitio Ramsar.
Sin duda, la importancia que se les ha dado a estos ecosistemas es por la regulación hídrica que generan. No obstante, a los páramos no se los ha considerado en políticas nacionales por otras funciones como la retención de carbono atmosférico.
Seguramente, no sólo los ecosistemas de páramo deben ser considerados como unos buenos retenedores de carbono atmosférico, probablemente hay otros tipos de ecosistemas con dinámicas parecidas, como el bosque andino y otros sistemas oligotróficos. Por lo tanto, hay que desarrollar estudios en todos los compartimentos y de ser posible en todos los ecosistemas para tener una mayor certeza acerca del funcionamiento real y específico del ciclo del carbono con el fin de poder tomar decisiones políticas más acertadas y no basarse solamente en modelos fundamentados
en los supuestos de otras regiones como la temperada (García, 2003).
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