EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ



EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
El río Bogotá ofrece cuatro tramos bien definidos desde el punto de vista de la contaminación orgánica. Ellos son: desde su nacimiento hasta Villapinzón, desde Villapinzón hasta el río Juan Amarillo, desde el Juan Amarillo hasta Tocaima y desde Tocaima hasta su desembocadura en el Magdalena.
1.El primer tramo (nacimiento – Villapinzón) presenta aguas cristalinas, ricas en oxígeno y muy poco contaminadas, lo que ha favorecido la presencia de una biocenosis acuática oligosapróbica, rica en especies bentónicas y apta para el desarrollo de peces de aguas frías, nativos o introducidos (capitán, guapucha, trucha y otros). La DBO5 es inferior a 2 mg/l y el oxígeno disuelto superior a 6 mg/l. Es un río de montaña, cuya carga orgánica, a la altura de Villapinzón, es apenas de 0,1 ton O2/día.
2.El tramo entre Villapinzón y el río Juan Amarillo se caracteriza por condiciones de contaminación crecientes, tanto por las aguas negras como por los vertimientos industriales. Esto ha conducido a una disminución de la diversidad bentónica y a un acusado incremento en la densidad de algunas especies indicadoras de la contaminación. Las condiciones biológicas varían desde mesosapróbicas, en los tramos de menor contaminación, hasta polisapróbicas, en su trayecto inferior, más contaminado. Los peces exigentes de aguas claras y puras (como la trucha) desaparecen a medida que la contaminación aumenta y su lugar es ocupado por otras especies menos exigentes, como la carpa (introducida). En consecuencia, en este tramo el río se puede considerar como medianamente contaminado, con una DBO5, por lo general, inferior a 10 mg/l y el oxígeno disuelto entre 2 y 7 mg/l. No obstante, en algunos tramos cortos y, especialmente, en la parte inferior del tramo, aguas abajo de Cajicá, se presentan condiciones más altas de contaminación. Es el caso del tramo aguas abajo de Villapinzón y hasta cerca de la desembocadura del río Tejar, donde las aguas negras de Villapinzón y los vertimientos orgánicos de las curtiembres hacen subir localmente la DBO5 promedia hasta cerca de 6 mg/l y descender el oxígeno disuelto (estación Chigancio). En Puente La Virgen (puente de la carretera Suba-Cota), estación representativa del río antes de empezar a recibir las descargas de las zonas suburbanas y urbanas de Bogotá, el valor medio de DBO5 es de 13,9 mg/l.
3.El tercer tramo, que se extiende entre la desembocadura del río Juan Amarillo, el suroeste de Suba, y Tocaima, es de verdad una enorme alcantarilla abierta, de condiciones permanentemente sépticas y pestilentes, con graves riesgos para la salud de las personas y animales que habitan en sus riberas o que hacen uso de sus aguas. Se observan, no obstante, dos subtramos diferentes. A partir de la desembocadura del Juan Amarillo y aproximadamente hasta Alicachín, el río adquire características antisapróbicas, es decir, que no permiten el desarrollo de macroinvertebrados (bentos), como consecuencia de la descarga de las aguas residuales de Bogotá. Los peces, también, desaparecen totalmente y sólo sobreviven organismos especializados en la degradación de la materia orgánica (bacterias, hongos y otros). En este tramo la DBO5 media de muestreo es casi siempre superior a 100 mg/l y el oxígeno disuelto alcanza sus valores más bajos. Las condiciones extremas se presentan entre el Tunjuelo y el embalse del Muña, donde la DBO5 media alcanza valores de hasta 143 mg/l y el oxígeno disponible es consumido totalmente (concentraciones cercanas a 0 mg/l).
Aguas abajo de El Salto, la aireación ocasionada por la caída y luego por el descenso del agua en un cauce de fuerte pendiente y grandes bloques (o la alta velocidad que alcanza en los túneles de carga y en las turbinas de la cadena hidroeléctrica), incrementa el oxígeno disuelto hasta valores cercanos a 5 mg/l, aunque la DBO5 sigue siendo muy alta, del orden de 18 mg/l en Puente Portillo (frente a Tocaima) y de 34 mg/l en Salsipuedes (antes de la desembocadura en el Magdalena). La mejora en la oxigenación hace que las condiciones biológicas se tornen polisapróbicas, bajo las cuales se desarrollan grandes concentraciones de algunos organismos especializados, como, por ejemplo, los del orden Oligochaeta (Gómez, Cajiao y As. 1991). Las estaciones La Guaca, Puente Portillo y Salsipuedes son representativas de este último tramo del río.
La contaminación bacteriológica en este tramo llega a valores, igualmente, muy altos, con promedios superiores a 8 millones de NMP de coliformes totales/100 ml, si bien en el trayecto entre el Juan Amarillo y el embalse del Muña los valores medios varían entre 10 y 28 millones para coliformes totales y 3 y 7 millones para coliformes fecales, con picos entre 24 y 79 millones para los primeros y 13 y 23 millones para los segundos (Epam Ltda, 1993, 1996, 1999).
La principal causa de la altísima contaminación del río en este tramo es la descarga de aguas residuales (domésticas e industriales) de Bogotá, la cual se lleva a cabo, principalmente, a través de los ríos Juan Amarillo , Fucha y Tunjuelo. La carga orgánica promedia (DBO5) generada por la ciudad (incluida Soacha) se estima en 482 ton O2/día, para condiciones de caudales medios.
En relación con el problema de la contaminación de este tramo del río Bogotá, es importante referirse brevemente al embalse del Muña, que fue construido entre 1940 y 1944 con el fin de regular su propio caudal y el del río y Aguas Claras, para su posterior aprovechamiento en generación eléctrica. Se empezó a utilizar desde 1948 como reservorio de aguas bombeadas del río Bogotá, con el fin de aprovechar los caudales regulados de este último. Si bien en esa época la contaminación del río era baja, pues las aguas negras de la ciudad tenían una conveniente dilución y autopurificación, con el paso del tiempo ella fue creciendo en forma acelerada, como consecuencia del incremento de la población y del aumento de los caudales de aguas negras. De esta manera, el embalse del Muña, que hasta los primeros años del decenio de los 60 permitió un desarrollo turístico, se contaminó progresivamente hasta constituir hoy un problema sanitario para los habitantes de Sibaté. Estudios existentes (Hidroestudios, 1990) han demostrado que la DBO5 en el costado norte, donde se localizan las estaciones de bombeo y de descarga, alcanzan los 28 a 30 mg/l, con oxígeno disuelto cercano a cero (0), mientras que en el costado sur (zona de Sibaté) la DBO5 es del orden de 16 y el OD menor de 1,0 mg/l.
La alta concentración en nutrientes de las aguas negras ha favorecido el desarrollo del buchón (Eichornia crassipes), una macrofita flotante que hoy cubre prácticamente la totalidad de la superficie del embalse. Si bien la capa de buchón reduce los malos olores y disminuye las concentraciones de metales pesados en el agua, en cambio impide el ingreso de oxígeno desde la atmósfera, aporta grandes cantidades de materia orgánica que se sedimenta en el embalse y genera descomposición anaerobia, con el consiguiente proceso de formación de metano y de ácido sulfhídrico (CH4 y H2S), los cuales producen malos olores.
No obstante, debe anotarse que el almacenamiento de aguas negras en el embalse le ha permitido servir como laguna facultativa, con eficiencias, relativamente, altas de remoción de la DBO, lo que ha implicado una devolución de las aguas en mejor calidad que las bombeadas del río, si bien es de anotar que cada vez es menor el tiempo de permanencia de las aguas negras bombeadas al embalse, por la ubicación muy cercana de los dispositivos de entrada y salida del líquido.
Fuente: EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
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