EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado
4.El cuarto trayecto va, aproximadamente, desde Tocaima hasta el río Magdalena. En este tramo la DBO5 promedia de muestreo baja a valores cercanos a 18 mg/l frente a dicha población, si bien el OD desciende, otra vez, hasta valores inferiores a 2 mg/l y la DBO5 sube a 34 mg/l al aproximarse al Magdalena, como consecuencia de la menor velocidad del agua. El contenido medio de coliformes totales (NMP/100 ml), si bien disminuye, sigue siendo muy alto: 1,7 millones en Tocaima (Puente Portillo) y 1,2 millones cerca de la desembocadura, en Salsipuedes, con picos de 5,4 y 2,8 millones, respectivamente. Aunque el río recibe las descargas de aguas negras de los municipios localizados en su cuenca media y baja (Mesitas, Anapoima, La Mesa, Apulo, Tocaima y otras menores), éstas, por su magnitud, tienen poca significación en los índices de contaminación del río aguas abajo del embalse del Muña, frente a la producida por Bogotá.
Durante el período 1991-1996 (último año con información disponible) la contaminación del río ocasionada por la ciudad aumentó en forma importante. Así, en el tramo entre el Juan Amarillo y el Fucha (Puente Cundinamarca) la DBO5 aumentó en más del doble (125%), y luego de la descarga del Tunjuelo (Las Huertas) se incrementó en un 53%. De otro lado, en el tramo inmediatamente aguas arriba del Juan Amarillo, frente a la localidad de Suba, la contaminación orgánica subió entre 167% (La Balsa) y 239% (Puente La Virgen). Aunque no existen datos correspondientes a 1998 o 1999, se estima que hacia el año 2000 los niveles de contaminación en el tramo entre el Juan Amarillo y Puente La Virgen (carretera a Cota) se acercarán a los que presenta hoy día el río en el tramo entre las desembocaduras de los ríos Salitre y Fucha (Epam Ltda, 1993), de manera especial si no se ha construido el interceptor Torca – Salitre, diseñado para recoger todas las aguas residuales del norte y del noroeste de la ciudad y conducirlas hasta el interceptor derecho (norte) del Salitre
1.2. CAUSAS
Las principales fuentes de la contaminación hídrica generada por la ciudad son las aguas residuales domésticas (ARD), las aguas residuales industriales (ARI) y la minería extractiva. Según un estudio del DNP-PNUD (1994), la carga doméstica representa el 76% y la industrial el 24% de la carga orgánica total generada por Bogotá y Soacha, en términos de DBO5. Aunque la participación de la industria parece estar subdimensionada, el mismo estudio señala que las cervecerías son las mayores contaminantes orgánicas (en DQO), con el 68,6% del total, seguida por el sacrificio de ganado (3,5%), los detergentes (1,5%), las bebidas (1,5%), la minería (0,1%) y otros sectores (29,8%).
En cuanto a los sólidos suspendidos, las mayores cargas son producidas por la minería extractiva (46%), seguida por las cervecerías (33,3%), el sacrificio de ganado (2,1%) y el resto de sectores (18,6%).
La mayor carga contaminante al río Bogotá la genera la capital. Según el mismo estudio citado, el corredor Bogotá-Soacha produce el 92,6% de la carga orgánica total (en DBO5), frente al 7,4% del resto de municipios de la cuenca aguas arriba de Alicachín.
Además de la carga orgánica, las aguas residuales domésticas son, por su parte, la fuente principal de la contaminación por detergentes, mientras que las industriales constituyen el origen de la contaminación por metales pesados y otros compuestos químicos tóxicos, orgánicos e inorgánicos.
1.3. EFECTOS
Las condiciones extremas de contaminación biológica, química y física de los ríos Salitre, Fucha, Tunjuelo y Bogotá han impactado severamente otros elementos del medio natural y socioeconómico de la región y de la ciudad:
•Los lodos del lecho de los ríos, habitat de la fauna béntica, presentan altos contenidos de metales tóxicos. Las investigaciones han encontrado concentraciones de hasta 9 mg/kg de cadmio, 187 mg/kg de cromo, 20 mg/kg de cobre, 133 mg/kg de plomo, 25 mg/kg de mercurio, 49 mg/kg de níquel y 194 mg/kg de zinc en los lodos del río Bogotá, especialmente frente a la ciudad. Asimismo, se han encontrado altas concentraciones de plaguicidas organoclorados, especialmente de lindano (16 mg/kg), heptacloro (331 mg/kg), heptacloro epóxico (0.38 mg/kg) y dieldrín (4.8 mg/kg).
•La ictiofauna ha desaparecido de la mayor parte del río Bogotá, en particular desde la desembocadura del Juan Amarillo hasta el Magdalena. En el pasado, el curso alto del río Bogotá y sus afluentes era rico en peces autóctonos como el capitán pequeño (Pigydium bogotensis), el capitán grande (Eremophylus mutisii) y la guapucha (Grundulus bogotensis). En los decenios del 50 y del 60 se introdujo la trucha (Salmo gairdnerii) y más tarde la carpa (Cyprinus carpio). Todas estas especies desaparecieron del curso del río Bogotá, especialmente abajo de la desembocadura del río Negro, así como también de los cursos inferiores de los ríos Negro, Frío, Chicú, Balsillas, Juan Amarillo, Fucha, Tunjuelo y Soacha. También, desaparecieron del embalse del Muña, el cual presenta condiciones polisapróbicas, con procesos de eutroficación avanzada. La trucha se mantiene hoy en los sectores altos y tormentosos del río Bogotá y sus tributarios, libres de contaminación, y en los embalses del Sisga, del Tominé, del Neusa y algunas lagunas naturales (Siecha, Guatavita, Chisacá y otras). En el curso medio e inferior del río, los peces nativos también desaparecieron en su totalidad, como consecuencia de la fuerte contaminación. Entre ellos los más importantes desde el punto de vista económico son el bocachico (Prochilodus reticulatus magdalenae), el bagre pintado (Pseudoplatystoma fasciatus), el coroncoro (Plecostomus tenuicauda), la dorada (Salminus affinis), la sabaleta (Brycon rubricauda), la arenca (Triportheus magdalenae), la dorada mueluda (Brycon moorei moorei), el barbudo (Pimelodus clarias) y otros. Estos peces forman parte de la región ictiofaunística del Magdalena, para la cual se han reportado 166 especies de peces, de las cuales 26 con importancia económica (Dahl, 1971; en Valderrama y Zárate, 1989; en Epam, 1993).
•Las aguas contaminadas del río Bogotá ha originado altos contenidos de microorganismos y de metales tóxicos (mercurio y cromo) en algunos alimentos. Así por ejemplo, se han encontrado contenidos de hasta 2.2 millones de coliformes y 7.4 millones de microorganismos totales (NMP/100 ml) en leche producida con pastos regados con aguas del río Bogotá. Muestras llevadas a cabo en 18 sitios a lo largo del río arrojaron un promedio de 5.1 ppb de mercurio en la leche. Otras mediciones han detectado contenidos de 24,000 colonias de bacterias totales y 320 de coliformes totales en verduras cultivadas cerca al río. Estos valores superan ampliamente los niveles permisibles para consumo humano (ICTA-UN, 1984; Universidad Nacional, 1987; Pinzón B. y Rico E., 1983; en Epam, 1993).
Fuente: EL PROBLEMA DEL RÍO BOGOTÁ
Por: Alfonso Pérez Preciado

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