APUNTES SOBRE ECOLOGÍA HUMANA Y URBANA


APUNTES SOBRE ECOLOGÍA HUMANA Y URBANA
EL EXODO A LA CIUDAD
La histórica migración del campo a la ciudad en los albores del crecimiento industrial, que necesitaba obreros para mantener en marcha las fábricas, ya no existe. Sí se incrementa día a día la migración por la pobreza de las áreas rurales a los cinturones de pobreza en las ciudades.
Si bien no profundizaremos en ello, las áreas rurales se enfrentan con un círculo vicioso de empobrecimiento y desertificación que está en directa relación con la enorme presión sobre los recursos naturales que ejerce un hombre desesperado en la lucha por sobrevivir. Destrucción de masas boscosas, incendiadas intencionalmente para recolección de setas, pastoreo de animales, o simplemente tala y venta de la madera, son un ejemplo.
Dentro de poco tiempo la mitad de la población del mundo residirá en ciudades de más de 100.000 habitantes. Esta tendencia está claramente definida, pero no existe total claridad en las causas de esta urbanización creciente. ¿En todos los casos son refugio de población rural desprotegida? ¿Encandilan con sus luces que parecen prometer un mayor standard de vida?
En la percepción de Lewis Mumford, que integró junto a Ebenezer Howard y Frank Lloyd Wrigth una tríada de pensadores revolucionarios en la teoría urbana, Estados Unidos pasó por distintas etapas o migraciones: la primera buscaba tierras; la segunda, producción industrial; la tercera, dirigir las finanzas y la cultura. Mumford afirma que la enseñanza que se obtiene al observar ese fenómeno es que se necesitan todos esos tipos de esfuerzos y ocupaciones para mantener una comunidad estable y completa.
De acuerdo a su análisis, el movimiento de población, en esas tres migraciones, no fue de la granja hacia la aldea, el pueblo, la villa, la ciudad industrial o la metrópolis financiera, sino que esas migraciones se comportaron como olas sucesivas: mientras una se retira cuando la otra avanza espumante, otras persisten y se mezclan con las subsiguientes en permanente proceso de resaca.
La ciudad siempre se ha guardado en el bolsillo la plusvalía del trabajo desarrollado por un país. Allí van a parar los beneficios de las cosechas, de la extracción minera y petrolera, y se transforman en lujo, placer y disfrute urbano. Los capitalistas dueños de los campos, accionistas de las minas y empresas petroleras, por cierto que no suelen vivir en barracas, al pie del pozo petrolero o en el puesto con techo de cartón embreado junto al campo de maíz. En la ciudad, beneficiados por las cortas distancias, el concentramiento económico de la city y todo el provecho a favor, realizan sus transacciones con menor costo e inconvenientes.
De todas formas, si se nos pregunta cuál es el sentido de la existencia de sitios como los asentamientos urbanos, todos esbozaríamos como primaria una necesidad cultural, social, y de espíritu gregario.
Históricamente, la migración urbana ha significado éxito y trabajo para un pequeño
porcentaje de quienes emigran a la ciudad y fracaso para una mayoría que, o regresa a sus pueblos o zonas rurales de origen, o pasa a engrosar los cinturones de barrios marginales o de chapa y cartón. En la visión de Toynbee, el crecimiento urbano se tranforma en gente chapoteando en el barro de los barrios bajos.
Fuente: Juan Daniel Perrotta
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